martes, 19 de abril de 2016

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Chiquito es uno de los pocos gatos que prefiere la poesía a la narrativa. Lo que por supuesto, no quiere decir que sólo lea libros de ese género, al contrario, Chiquito lee de todo. No tengo idea de cuántos libros ha leído. Pero han sido muchos. Desde  temprana edad solía leer de manera voraz. Cuando digo voraz  no lo digo en sentido metafórico, Chiquito mordía los libros, hasta que le explicamos que era más interesante abrirlos y leerlos. Así que poco a poco se le fue creando el hábito. En los libros descubrió un mundo que lo hacía feliz y que lo hacía soñar. Echado en una silla o sobre la mesa del patio, se la pasa soñando con  todas esas historias que ha leído. 
Chiquito ha sido un gato privilegiado. Algunos gatos no tuvieron la suerte de tener unos amos que les hayan incentivado el hábito de la lectura. Por lo que  la mayoría de los gatos al ver un libro y no entender que deben abrirlo y leerlo,  suelen criticar a los que lo hacen y hasta muchos han concebido la extraña idea de que si se deshacen de todos los libros van a destruir a la raza humana. La primera vez que Chiquito escuchó esta insensatez fue en una azotea del barrio. Las gatas que le vinieron con el cuento decían que quien se lo había contado era el archienemigo de Chiquito, el gato amarillo. Para los que no conocen al gato amarillo, les cuento que es todo  un misántropo que sueña  con adueñarse del mundo. Y al parecer sueña mucho con eso, ya que se pasa el día entero durmiendo debajo de  los carros de la calle. Cuando no duerme está contando todas esas ideas descabelladas a quien quiera escucharlo. Pero no sólo eso, las gatas también le contaron que su archienemigo había robado uno de  mis libros más valiosos. En un principio, Chiquito no hizo caso del chisme, pero luego le dio curiosidad y se dirigió a nuestros  estantes de libros para ver si faltaba alguno.  Fue  recorriendo los libros que están organizados de una manera sistemática y  al mismo tiempo caprichosa. Le llamó la atención que donde se suponía  debía estar  el libro Borges  de Adolfo Bioy Casares  hubiese un  vacío. Se fijó que el libro no estaba en los alrededores ni en la mesa ni en mi mesita de noche. Entonces comprendió que alguien se lo había llevado. Pero cómo pudo alguien  haber cargado ese libro tan pesado. Es imposible irse por la puerta cargándolo sin que nadie te vea. Estamos hablando de un  libro que  tiene 1663 páginas.  Es toda una conspiración, pensó Chiquito, que no dejaba de pensar en cuál sería mi reacción cuando buscara el libro y no diera con él, un libro que no se consigue en Santo Domingo y que para mandarlo a pedir fuera hay que pagar más por el importe de envío de lo que puede costar, o si uno lo compra fuera, pagar un dinero extra por exceso de equipaje. Pensando en todo esto a Chiquito le fue dando sueño hasta que se quedo dormido en el espacio vacío que el libro  había dejado.

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